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Los "empalaos" de Valverde de La Vera


"Empalao" de Valverde de la Vera, el pasado jueves.

A veces uno siente la necesidad de huir buscando algo de autenticidad. Uno siente estupor ante el desfile de vanidades en que se ha convertido la Semana Santa en nuestros pueblos, casi todo apariencia e impostura, y a eso algunos, que te miran desde arriba, lo llaman fe. ¿Habrán leído el mensaje revolucionario de Jesús quienes confían todo su poder de transformación al dorado fulgente de unas andas o al temblor de unos costosos varales de plata? Hace tres años, con toda la sinceridad del respeto, decidí vivir la experiencia de sentirme nazareno y participé, escondido bajo túnica y capirote, en la procesión de Martes Santo de una capital de provincia castellana que la tiene declarada de Interés Turístico Nacional. Callaré ahora los sentimientos y emociones que me produjo aquel recorrido ensimismado que duró siete horas, pero lo experimentado me concede el privilegio de hablar desde la gravedad de haber conocido desde dentro las interioridades cofrades y desvelar, si menester fuera, la hipocresía devocional de tantos participantes de escaparate, su desconocimiento absoluto del júbilo de la buena noticia y su banal inclinación pasionista tan solo cegados por el brillo de las púrpuras, el éxtasis estético y la borrachera de sensaciones catárticas que supone un ritual de reminiscencias báquicas. Y puedo jurar que auténtica fe vi poca. Y piedad, menos.

En cambio, la noche del pasado Jueves Santo sentí encenderse mi piel y respirar fuego en cada poro ante la colosal muestra de angustiosa creencia que transmite el ritual de “los empalaos” en Valverde de la Vera (Cáceres), una de esas cada vez más escasas muestras de autenticidad en las costumbres ancestrales de los pueblos de España que no pueden verse sin sentir el escalofrío de la historia y la cultura de las gentes en su más genuina crudeza.


El empalao se arrodilla ante cada estación del Via Crucis.

El rito de los empalaos responde a una promesa por el cumplimiento de un favor divino. El empalao camina descalzo en la noche del Jueves Santo llevando sobre sus hombros un timón de arado sujeto por una soga de esparto que le envuelve el torso y los brazos desnudos. Una enagua blanca le cubre de cintura para abajo, de la mitad de sus brazos penden un par de vilortas, con tres aros cada una, y una toga, símbolo del Crucificado. Cubre su rostro un velo blanco que sujeta con una corona de espinas, sobresaliendo por encima de la cabeza dos espadas cruzadas sujetas en la espalda. Le acompaña en todo momento el Cirineo, que se oculta bajo una manta y le alumbra el paso con un farolillo. El recorrido de cada empalao transcurre en silencio, acompañado por familiares o amigos. En cada estación del Vía Crucis todos se arrodillan y oran en silencio. Cuando se cruza con otro empalao, ambos se arrodillan también. La tradición de los empalaos fue declarada de Interés Turístico Nacional en 1980.

Ya en otras ocasiones he señalado la distorsión que para los rituales tradicionales supone la presencia masiva de espectadores no implicados devocionalmente en su desarrollo. La asistencia masiva de visitantes foráneos en busca de rituales ancestrales los convierte externamente en mero espectáculo sin más pretensión que la búsqueda de buenas imágenes para compartir en las redes sociales. Cientos de personas abarrotan calles y plazas desvirtuando el sentido íntimo y personal de la celebración, al resultar imposible, por su propia naturaleza, la plena integración de los visitantes con la ceremonia devocional de entrega y sacrificio personal. En el plano externo, por tanto, la “fiesta” de interés turístico se convierte en mero espectáculo que el visitante masivo observa con el desapego del mero espectador ajeno a lo que allí ocurre e incapaz de empatizar con una costumbre en apariencia tan bárbara.

En el plano interno, sin embargo, la pureza del ritual se ha mantenido de forma milagrosa. Por increíble que pudiera parecer, el empalao desarrolla su actividad completamente ajeno a lo que ocurre a su alrededor, aislado de las decenas de flashes que estallan a su paso, de las carreras por ocupar un buen sitio que permita los mejores planos, de las quejas por quien se cruza inesperadamente y arruina una buena toma. El empalao vive su penitencia con la austeridad secular de quien tiene algo que cumplir y lo cumple, y la adulteración de la celebración no alcanza a su parte íntima, porque el empalo cumple escrupulosamente su papel, sin alterarse por el anacrónico entorno que le rodea.


El empalao avanza entre la multitud.

Como en otras fiestas, el rito de los empalaos tiene una parte de exposición pública y otra de intimidad local. Cuando la noche alcanza cierta hora, la masa de turistas se retira y las calles del pueblo recuperan entonces una dignidad que impresiona. El tintineo de las vilortas, antes imperceptible, se convierte ahora en aviso inmaculado de una presencia que te retrotrae varios siglos en el tiempo y te sumerge en las tinieblas de la duda y la reflexión más que pudieran hacerlo cien levantás. Cuando en la oscuridad cerrada aparece presuroso el empalao flanqueado por la soledad de la noche, cuando se arrodilla frente a las estaciones del via crucis, cuando sientes su esfuerzo y su dolor, cuando caminas tras él y escuchas el rumor de sus pies desnudos y el pálpito de su corazón, entonces comprendes este acto íntimo de entrega y sacrificio personal que, aunque nunca podrías explicarlo con palabras, entiendes que obedece, este sí, al impulso profundo y sincero de la fe.


VÍDEO: Los empalaos de Valverde de la Vera (2014).


Plaza principal de Valverde de la Vera.


Un familiar cubierto con una manta acompaña siempre al empalao.


Un empalao camina descalzo por las calles de Valverde de la Vera.


El rito de los empalaos parece sacado de otro tiempo.

Serie: Fiestas populares españolas

1. El Corpus de Camuñas (Toledo).
2. La procesión de las capas pardas de Bercianos de Aliste (Zamora).
3. Los "empalaos" de Valverde de La Vera (Cáceres).

7 comentarios :

Anónimo | jueves, abril 24, 2014 5:30:00 p. m.

Los sacrificios físicos voluntarios no sirven para redimir ninguna culpa. Es la entrega al prójimo lo que redime.

Anónimo | jueves, abril 24, 2014 7:52:00 p. m.

¿Algo de autenticidad ? más bien incultura, masoquismo e irracionalidad. El circo romano con sus leones comiéndose a los cristianos si que era autentico ¿o no?, menos poesía y tenebrismo y más alegría y ganas de pasarlo bien en vez de autolesionarse el cuerpo con sogas o paseando a muñecos que pesan un montón de kilos

Anónimo | viernes, abril 25, 2014 8:09:00 p. m.

Incultura, masoquismo e irracionalidad es coger el coche al precio que está la gasolina y chuparse un atasco de melones, meter a la parienta y alos niños (¡cuando llegamos,quiero hacer pis¡) irse al quinto cipote, pagar un huevo por un poco arroz asocarrao y garrafón, dormiren una cama que no es la tuya y venirte a tu casa habiendote fundido el sueldo de lo que queda de mes y decirle alos vecinos," no sabes lo bien que hemos estado, viene bien para oxigenarse..." Eso es fé.

Anónimo | viernes, abril 25, 2014 8:18:00 p. m.

comentario de las7.52. Si te oyen los de Valverde , TE EMPALAN.

Anónimo | sábado, abril 26, 2014 4:38:00 p. m.

¿En qué punto de la Historia se habrá detenido la evolución humana? Al paso que vamos seremos superados por la evolución de los borricos?

Anónimo | sábado, abril 26, 2014 10:38:00 p. m.

Autenticas, las tradiciones de mi pueblo, Cultura, la mía. Fe, en la que yo creo, lo demás son aberraciones. Pero algunas veces suelo mirar con ojos de otro, como si no fuese yo quien mira y me va muy bien, y a veces hasta lo entiendo y disfruto.

Anónimo | miércoles, abril 30, 2014 10:45:00 p. m.

Fe es lo qué tiene el párroco de mi pueblo. tras recibir un cuantioso donativo "herencia" muy muy cuantiosa, pide colaboración económica al pueblo para sufragar los gastos de tejado nuevo para la parroquia de san Miguel. No quedando satisfecho , pide colaboración para la limpieza de la misma porque no tienen dinero para pagar dicha limpieza. La caradura de este hombre no tiene parangón. Escribo este comentario por la indignación qué me produce cómo católico y miembro de la iglesia. No sé entera del mensaje de Jesús ni del de el papa.

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