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Lo importante no es el final

Juan Bosco Castilla. El hombre que amaba a Franco Battiato. Áltera Ediciones, 2016, 300 páginas.


Desde la Odisea sabemos que lo importante en un viaje no es el destino, sino el trayecto, que la recompensa no está al final del recorrido, sino en su transcurso. Así es El hombre que amaba a Franco Battiato, la última novela de Juan Bosco Castilla (Pozoblanco, 1959). Una carrera en busca de un libro misterioso en la que lo que menos importa es el libro misterioso y lo que más la búsqueda, que es donde realmente se aprende. El joven Orlando persigue una quimera en forma de manuscrito que promete universos, pero lo que descubre es, sencillamente, la vida. De hecho, según avanza el libro, el propio lector va teniendo cada vez menos interés por El centro de gravedad permanente y hasta por Franco Battiato, porque lo que realmente atrae es la peripecia, el salto de Torrecampo (oculto bajo el anagrama Aleda) a Lille, y de ahí a Wolfsburgo y de ahí a Berlín y de ahí a Nueva York, pasando por Sevilla y Madrid, en una singladura insólita que transforma al protagonista como al héroe que regresa al hogar.

El hombre que amaba a Franco Batiatto
ofrece una lectura amable que atrapa y te introduce en su espiral vertiginosa de acontecimientos: de la morbosidad sexual en una casona sevillana a las desbocadas fiestas Erasmus en Centroeuropa a partir de todos los convencionalismos rutinarios de la vida en un pueblo, a través de una combinación deliciosa de personajes costumbristas (don Ginés, toda la fauna sevillana) con otros de vidas alternativas (Elvira, Roderick) que tejen una red de alianzas que diluyen el objeto de la búsqueda y se convierten en protagonistas por sí mismas.

En general, la novela detectivesca siempre guarda ese trasfondo de incertidumbre sobre el final, porque en su nudo se van tejiendo tantos desenlaces posibles que todo parece quedar finalmente al capricho del autor en el último momento. De hecho, El hombre que amaba a Franco Batiatto ofrece dos finales en uno, porque cuando se descubre por fin el asesino, el autor da otra vuelta de tuerca y lo cambia, como avisando de que cualquiera en la historia podría ser el culpable, como advirtiendo de que el final realmente no importa tanto, porque, cuando llegamos a este punto, lo realmente importante se ha contado ya.

1 comentarios :

Conrado Castilla | lunes, noviembre 07, 2016 10:02:00 p. m.

Esta novela recuerda en algunos pasajes a la titulada "El catedrático implacable", una novela deliciosa que hace unos años publico Juan Bosco. Atrae y engancha al lector por lo que es muy recomendable su lectura.

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